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Hrant Dink llegó tarde a
la cita con La Vanguardia.Un retraso justificado porque venía
de un juicio. El fis-
cal pedía para él seis años de cárcel por un
artículo en el semanario armenio Agos tres meses de privación
de libertad- de momento en suspenso pero que su abogada recurrirá.
Esto ilustra cómo las relaciones entre tur-cos y armenios no están
normalizadas. El tabú del genocidio armenio planea sobre ellas.
"Vengo de un pueblo arrancado de sus tierras milenarias en 1915 -
estábamos allí desde hacía 3.000 años- la mayoría murieron, otros se
exiliaron por todo el mundo, y los que se quedaron perdieron sus
bienes. ¿Cómo llamaría usted a esto?", dice sin acritud Dink, el
editor de Agos.Hablaba del primer genocidio del siglo XX,
descrito en la película de Atom Egoyan Ararat.En América,
América,Elia Kazan había expuesto la dureza del exilio armenio.
Entre 1915 y 1917 un millón de armenios fueron masacrados o
deportados por el régimen otomano alegando que se habían unido a la
Rusia enemiga en la Primera Guerra
Mundial o que les trasladaban a tierras sirias por su seguridad. Se
estima en 700.000 los deportados de un total de 1.300.000 armenios
asentados en Anatolia; 300.000 perecieron por el duro clima o
ataques de grupos armados. El extermino fue planificado, según el
historiador Hamit Bozarslan. Uno de los impulsores, Fuad Balkan,
relató la actuación de sus fuerzas: "Quemaban, destruían y mataban
sin piedad, por su patria". Los bienes armenios fueron confiscados y
los musulmanes, autorizados a casarse con las viudas y las jóvenes
armenias, que eran cristianas. Era el plan otomano de turquificar e
islamizar sus dominios. Sólo quedan en Anatolia unos miles de
armenios y en Estambul, unos 60.000.
Las tesis oficiales dicen que hubo matanzas por ambos lados, que
ocurrió en tiempos de guerra y reconocen deportaciones... El
nacionalismo turco de Ataturk, custodiado por los militares, ha
calado muy hondo. Al preguntar qué es lo queno gusta de Europa, en
mercados, entre jóvenes... la respuesta es el enfoque dado al tema
armenio y a Chipre. "Se mataron unos a otros, no es un genocidio
como dice Europa", recalca Murat.
"A este paso - tercia Yunuz- nos
culparán del genocidio de los indios".
La diáspora armenia presiona para que se reconozca el genocidio.
Dink defiende que "hay que cambiar democráticamente la mentalidad
del pueblo y eso llevará tiempo". En el artículo por el que está
procesado "por insulto a la identidad nacional turca" pedía a la
diáspora: "Vaciad vuestra sangre envenenada por los turcos, llenaos
de sangre noble y regresad a Armenia (la ex república so- viética). No perdais tiempo por el reconocimiento del genocidio". Los armenios
tienen en Estambul 35 iglesias ortodoxas y 17 escuelas privadas. No
piden enseñanza pública en armenio o espacios en televisión.
"Queremos una total democracia", asegura Dink, quien señala que el
islamista moderado AKP, en el poder,
ha dado grandes pasos en la
legislación.
La primera conferencia en Turquía sobre el genocidio, apoyada por el
primer ministro, Recep Tayip Erdogan, fue otro paso. El analista
Ragip Duran (de apellido turco) cree que "lo importante es empezar a
hablar de la cuestión, aunque de los 15 historiadores participantes
sólo tres dijeran que fue un genocidio. El resto cree
que hay que investigar más". El tabú armenio
empieza a romperse.
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